Sunday, September 24, 2006

Retorno al hogar.


Pues sí damas y caballos güeros, resulta que fuí de vuelta a la hermosa y pusilánime ciudad Chetumal, en la zona sur de Quintana Roo (Cantina Roo para los cuates); donde me vi envuelto en uno de los más complicados rituales mexicanos, quizá el más complejo después de los llamados XV Años... El bautizo.

La fiesta fue orquestada desde las soberanas alturas del entendimiento de mi cuñado el mayorcito, Alejandro, con una dulce hija y una graciosa dama como compañía. La niña es conocida al interior del hampa familiar como "la gorda", "la chaparra", "nena" y "mi hija" (para el orgulloso padre). Yo, que soy simplemente el ya-casi-pariente, le llamo bebé o sobrina (solo frente a mi novia)... Terror hacerlo frente al suegro; no lo conocen, es casi como "Shrek" combinado con Madrazo luego de enterarse de la pasada derrota electoral, por cierto que es priísta el amadísimo padre adoptivo.

Todo inició con un viaje hacia la ciudad-pueblo de mi adolescencia. Seis horas arranado en un camión con el solo consuelo de la dulcísima, cálida, nobilísima, graciosísima, comodísima y deseabilísima compañía de mi amante predilecta y mi heredera única (Que lo único que va a heredar es mi cadaver), mi novia. El viaje nos obsequió la agradable caridad de ser llevadero, excepto porque no dormí ni "maiz palomas" a consecuencia de mis responsabilidades maritales. No, esas responsabilidades no, me refiero a guardar el sueño de mi amada con lo que encuentre y lo que me invente ante cada vuelta y revuelta que da entre sueños.

Llegamos, mi padre fue por nosotros a la estación, perdimos el paraguas de la suegra (horror de horrores), la fuimos a dejar a su casa (mi novia, la suegra ya estaba allí) y finalmente terminé en "nocalli" (casa mía, mi casa) y me dormí diez horas sin mediar nada ni nadie entre morfeo y yo. Día y cacho después llegó finalmente la hora señalada.

¡Fue Genial! Me trataron como CASI parte de la familia, quizá el CASI se deba a que no suelo hablar ni sonreir mucho, casi una vez al día entre extraños; y eso porque me cuento chistes yo solito (En serio, pregúnten a Yum: http://el-reino-de-xibalba.blogspot.com/ ). Bueno, sigo contando. Resulta entonces que me tocó grabar el bautizo, la niña se veía preciosísima enfundada en su bello vestidito blanco de algodón, con un tocado de inocencia y virtud inmaculada que espero no cambie hasta los trece años (mínimo), sus padres piensan más o menos lo mismo que yo pero la vida es vida y tendrá que malearse para sobrevivir... Aún así se disfruta de la infancia mientras se puede. La mejor parte fue cuando el agua la hizo llorar, fueron lágrimas de protesta en contra de un mal innecesario que ella no había provocado con actitud alguna, lo se porque no se siguió a moco tendido como otros infantes chamagosos, fue solo su derecho de réplica. Terminado el ritual volvimos a casa de la suegra para que mi dulce novia mudara de vestiduras... Luego subí las maletas al coche. Nos fuimos felices y entusiasmados, tocaba la fiesta.

Fuimos los primeros en llegar, comimos tacos de relleno negro y bebimos refrescos de diferentes variedades frutales con colores radiactivos (todos sin hielo, estábamos enfermos la suegra, la novia y su servilleta). Una vez más me tocó grabar, pero en esta ocasión fue algo impactante por su brusquedad, fue un acto brutal y sanguinario, un espectáculo solo observado al interior de las selvas mexicanas... Las gemelas le dieron a la piñata. Al primer golpe cayó la oreja del can, las heridas, superficiales a simple inspección, escondían tras de si una verdadera hemorragia interna, los dulces goteaban por las patas del animalito y yo impotente ante tamaña barbarie. El palo estuvo a centímetros de mi atribulada testa. En fin, luego del espectáculo los demás niños parecieron hermanas de la caridad; la festejada ni se enteró, estaba dormida.

La recta final estuvo coronada de música huapachosa y destellos al por mayor, nos íbamos ya y había que despedirse de todos llevando recuerdos del momento, fotografías para dar y regalar, abrazos y uno que otro: "Adiós familiar" para mi persona. El suegro muy amable me deseó bien y las tías graciosas me dedicaron un par de calurosas despedidas al estilo Vargas y Garciaguirre (respectivamente).

Me divertí mucho, el regreso fue agotador. El lunes siguiente no fuimos a clases, el sueño vino con alas ligeras a posarse sobre los párpados, pesados como plomos y negros como la noche.

Espero que se vuelva a repetir, los quiero ciudadanos del mundo, cuidaos.



P.D. Allí estoy yo descansando del viaje, para que me conozcan de una buena vez.