300
Es horrible, en verdad que lo es.
Hasta la tarde del día de hoy yo era un dulce e inocente adulto joven sin más preocupaciones que las que conlleva un embarazo y la vida de estudiante universitario.
Todo iba bien, la rutina proseguía, entonces llegó la hora de la comida. Nos sentamos a la mesa como siempre y comenzamos, como siempre, a comentar lo que durante el día nos había acontecido a ambos. Yo hablé acerca de mi breve clase de Literatura Indígena Colonial, las tareas atrasadas y el proyecto de ensayo para Literatura Española del Siglo de Oro. Si, todo era perfecto hasta que ella comenzó a contar su día.
Clase de Teoría e Historia de Hábitat, sin problema su relato, Luis fue golpeado por sus compañeras, todo sigue normal, La Charla sobre los "300" que tuvo con sus compañeras. Catástrofe, horror, tremendo desasosiego. La impresión no se ha borrado desde entonces.
Repentinamente el mundo se volvió negro, risitas, imágenes de gestos y sonidos eróticos que ella describía mientras las imágenes de sus amigas llegaban confusas a mi cabeza. Así es damas y caballos güeros, sus amiguitas, las religiosas y santurronas que no soportan las minifaldas, las camisas que transparentan o los pantalones ajustados, esas mismas amigas que un hombre honrado espera que le cuiden a la novia de tener malos pensamientos, esas amigas fueron las que se portaron como descaradas meretrices cancunenses (o peor, de la carretera México-Puebla).
Baste decir para descripción de mi desconcierto, que la más confesada de todas (a excepción de la que quiso ser monja) relató una curiosa anécdota. Dijo que en la escena de la muerte del rinoceronte, cuando la cámara bajó hasta los tobillos del compadre aquel, su primer y único pensamiento fue: "Ahora va a caer su truza". Lo más impresionante de todo fue que incluso les pareció lógico. Chispas.
Todas aquellas mujeres impías coincidieron también en que, al terminar la función, voltearon a ver a su pareja y un suspiro involuntario las invadió (ni se diga de las que aseguraron que les temblaban las piernas). Al salir de la sála, según me fue revelado, más de una se dedicó a responder con monosílabos átonos y repetitivos (Si, en su mayoría) a todas las preguntas y comentarios de sus dulces e inocentes novios.
Al terminar yo sudaba frío. ¿Quién se iba a imaginar semejante reacción? Y si así eran aquellas yucatecas religiosas, ¿cómo sería un grupo de chilangas ateas y contestatarias? No veré a las mujeres de la misma manera nunca jamás. Ahora por lo menos se que tenemos cosas en común con ellas (ja!) y que tengo permiso oficial (por aquello de la igualdad de los sexos) de ver microbikinis y sudor durante dos horas sin sentir remordimiento.
Jeje, que conste que esto está escrito para entretener, no necesariamente revela lo que creo o pienso de las mujeres o de lo que debe ser una relación (pero aún tengo el permiso); así que espero que no se lo tomen a pecho (Nomás no te enojes cielo, es broma) y que estén siempre conscientes de lo que significa ser hombre (aquí es donde ella me golpea) y de lo que significa ser mujer (construcciones sociales que responden a biopolíticas históricas que imponen roles a los individuos para perpetuar una diferencia jerarquizada). Amén.
P.D. Esta es una estrega atrasada. El contenido fue editado muchas veces por razones obvias.
Hasta la tarde del día de hoy yo era un dulce e inocente adulto joven sin más preocupaciones que las que conlleva un embarazo y la vida de estudiante universitario.
Todo iba bien, la rutina proseguía, entonces llegó la hora de la comida. Nos sentamos a la mesa como siempre y comenzamos, como siempre, a comentar lo que durante el día nos había acontecido a ambos. Yo hablé acerca de mi breve clase de Literatura Indígena Colonial, las tareas atrasadas y el proyecto de ensayo para Literatura Española del Siglo de Oro. Si, todo era perfecto hasta que ella comenzó a contar su día.
Clase de Teoría e Historia de Hábitat, sin problema su relato, Luis fue golpeado por sus compañeras, todo sigue normal, La Charla sobre los "300" que tuvo con sus compañeras. Catástrofe, horror, tremendo desasosiego. La impresión no se ha borrado desde entonces.
Repentinamente el mundo se volvió negro, risitas, imágenes de gestos y sonidos eróticos que ella describía mientras las imágenes de sus amigas llegaban confusas a mi cabeza. Así es damas y caballos güeros, sus amiguitas, las religiosas y santurronas que no soportan las minifaldas, las camisas que transparentan o los pantalones ajustados, esas mismas amigas que un hombre honrado espera que le cuiden a la novia de tener malos pensamientos, esas amigas fueron las que se portaron como descaradas meretrices cancunenses (o peor, de la carretera México-Puebla).
Baste decir para descripción de mi desconcierto, que la más confesada de todas (a excepción de la que quiso ser monja) relató una curiosa anécdota. Dijo que en la escena de la muerte del rinoceronte, cuando la cámara bajó hasta los tobillos del compadre aquel, su primer y único pensamiento fue: "Ahora va a caer su truza". Lo más impresionante de todo fue que incluso les pareció lógico. Chispas.
Todas aquellas mujeres impías coincidieron también en que, al terminar la función, voltearon a ver a su pareja y un suspiro involuntario las invadió (ni se diga de las que aseguraron que les temblaban las piernas). Al salir de la sála, según me fue revelado, más de una se dedicó a responder con monosílabos átonos y repetitivos (Si, en su mayoría) a todas las preguntas y comentarios de sus dulces e inocentes novios.
Al terminar yo sudaba frío. ¿Quién se iba a imaginar semejante reacción? Y si así eran aquellas yucatecas religiosas, ¿cómo sería un grupo de chilangas ateas y contestatarias? No veré a las mujeres de la misma manera nunca jamás. Ahora por lo menos se que tenemos cosas en común con ellas (ja!) y que tengo permiso oficial (por aquello de la igualdad de los sexos) de ver microbikinis y sudor durante dos horas sin sentir remordimiento.
Jeje, que conste que esto está escrito para entretener, no necesariamente revela lo que creo o pienso de las mujeres o de lo que debe ser una relación (pero aún tengo el permiso); así que espero que no se lo tomen a pecho (Nomás no te enojes cielo, es broma) y que estén siempre conscientes de lo que significa ser hombre (aquí es donde ella me golpea) y de lo que significa ser mujer (construcciones sociales que responden a biopolíticas históricas que imponen roles a los individuos para perpetuar una diferencia jerarquizada). Amén.
P.D. Esta es una estrega atrasada. El contenido fue editado muchas veces por razones obvias.



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