Thursday, February 28, 2008

Terceras letras o la larga pausa de mi corazón

Trasladaron a Noris a su habitación. Yo seguí el camino en silencio, junto a su camilla siempre. Al llegar les ayudé a ponerla sobre la cama y estuve presente mientras la limpiaban y le aseguraban el vientre con sendos vendajes; para este punto ella ya había despertado. Cuando nos volvieron a dejar solos, y luego de que nuestros padres se retiraran, ella volvió a dormir.Yo la velé.

A eso de las tres de la mañana se despertó. Quería ir a orinar y hubo creído que yo estaba dormido. Le ayudé, y una vez que estuvo recostada de nuevo en la cama empezamos a discutir sobre cuál sería el nombre más conveniente para el hijo nuestro recién nacido. Rúrik Yolocélotl. Definitivamente lo describía. Un rato después Noris volvió a dormir. Entonces cerré los ojos.

A las cinco de la mañana desperté, había dormido poco más de una hora y necesitaba dejar a Noris descansar. A las seis llegaron a revisarle el suero, ella siguió dormida hasta casi las siete. Todavía no podíamos ver al bebé. Estaba en un estado muy delicado. El día transcurrió en medio de un ajetreo amortiguado por los silencios y las levedades de que rodeamos a la convaleciente. Abuelos y padre no dejaban de comprar comida, ayudar a Noris, discutir sobre el precio del nacimiento del bebé, sobre el estado del bebé, en fin, que pocos minutos pudimos estar a solas mi mujer y yo. Pero en esos momentos reinaba una serena paz y existía una atmósfera de concordia que no se da mas que en los sueños.

El bebé, según nos dijeron esa noche, tenía problemas al respirar por falta de maduración en su sistema. Estaba en incubadora. Pasó el día.

A la mañana siguiente fuimos a verlo. Sólo Noris pudo pasar, era hermoso, respiraba son suma dificuldad y violencia. La alarma sonaba cada vez que su minúsculo pecho se detenía (que era muy amenudo). Noris lloró, yo no pude, tenía que consolarla. Esta situación se repitió por un día entero. Cuando salimos de la sala de cuidados intensivos neonatales era hora de cenar. Nadie tenía hambre.

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